Langedoc

El Languedoc de hoy

En el Languedoc, esa zona mitica del sudoeste francés,  los jubilados juegan a las bochas y los clientes saborean un rico café en la paz y tranquilidad del pueblo. En el campo, higueras, huertas, girasoles y maíz cubren las suaves ondulaciones como una manta multicolor. Así es hoy el Languedoc, la tierra medieval de los trovadores y el amor cortés. Cuesta imaginar la violencia y el quebranto que tuvieron lugar aquí en el siglo 13.

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Hace poco leí un libro acerca de los cátaros, un grupo de cristianos dualistas que apareció en Europa en el siglo 11, particularmente en la región del Languedoc en Francia. La iglesia católica los declaro herejes y los persiguió con la ayuda del rey de Francia. Esa persecución paso a la historia como la Cruzada contra los Albigenses. El epicentro del catarismo, y por ende de la violenta cruzada, fue la ciudad de Toulouse (Tolosa) y alrededores.

Mi cuñado tenía una granja en la campiña a una hora de Toulouse. Si bien el edificio principal tenía unos siglos e antigüedad, no fue contemporáneo de los cátaros pero yo me imaginaba que todavía rondaban entre los anchos muros de piedra.

Mi marido y yo solíamos dar largos paseos en auto cuando íbamos de visita. Parábamos en todas las bastides, ciudadelas medievales fortificadas. Algunas están construidas sobre colinas, otras en terreno plano. Me encantaban las construcciones tan antiguas, los muros de piedra que seguían el contorno de la ladera, las pequeñas iglesias con puertas que crujen al abrir. En todas, había al menos un gato descansando al sol. Me imaginaba las historias que habrán presenciado esos muros a lo largo de los siglos. Historias de heroísmo, quizá durante la Cruzada, de trabajos penosos, sacrificio, persecución política y religiosa, amor, risa, triunfo y derrota, historias de miseria y felicidad.

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En el centro de cada bastide hay una plazoleta impecable con paraísos nudosos. Loa bancos ubicados debajo de los arboles invitan a descansar. Las macetas con malvones en el alfeizar de las ventanas me recordaban a la casa de mi bisabuela de Parque Chas. Ella y mi tía abuela tenían esas macetas rectangulares de terracota sin pintar y las redondas y blancas adornadas con festones. Todo me resultaba extraño y conocido al mismo tiempo. Un perfume, un jardín, un sabor pueden disparar recuerdos en el lugar y en el momento menos pensados.

Paradójicamente, el Languedoc hereje formaba parte del Camino de Santiago, la ruta que tomaban los peregrinos medievales hacia Santiago de Compostela. La ruta que pasaba por esta zona se denomina Vía Tolosana porque pasa por Toulouse (o Tolosa) y va al sur hacia los Pirineos y España.

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Algunas de las bastides que visitamos eran paradas del Camino, como Montcuq y Lauzerte, con su mercado de los sábados y sinuosas callejuelas. O Moissac, cuya abadía fue designada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO y continúa siendo centro de peregrinación. En cada pueblo hay pequeñas imágenes de Santiago de Compostela peregrino ubicadas sobre el marco de la puerta. ¿Estara ahí para guiar a los peregrinos? ¿Para proteger a los habitantes?

En pleno siglo 21 los peregrinos siguen gastando el Camino de Santiago. Los distingue su gesto de denuedo, agotamiento y satisfacción por el esfuerzo realizado. No tienen por qué ser católicos o cristianos, incluso pueden ser herejes cataros si lo desean. Nadie va a perseguirlos en el Languedoc.

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About Ana

Hi, I’m Ana. I’m originally from Argentina but I’m currently living in Dallas (USA) with my British husband. I’d like to share my experiences as an expat and as a traveller.

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